El liderazgo ético no se mide por la autoridad que se ejerce, sino por la coherencia entre los principios que se defienden y las decisiones que se toman.
El liderazgo ético no se mide por la autoridad que se ejerce, sino por la coherencia entre los principios que se defienden y las decisiones que se toman.
El servicio público auténtico se ejerce cuando el interés colectivo guía cada decisión por encima del beneficio personal.